sábado, octubre 09, 2004

El Bizne del Vicio

ContinuaciĂłn

Ya casi se ha olvidado de su nombre, y de hecho no quiere que lo escriba, él vende “dulces”; a su cargo, cerca de cuarenta hombres colaboran directamente con él distribuyendo la mercancía en todo el territorio que abarca Toluca, Lerma, Metepec, Zinacantepec y hasta por ahí de Tenango del Valle. Además, tiene contactos en las mejores escuelas particulares del centro del país.

Desde que se acuerda le dicen “el Gusano”. Es hermano de sangre de “La Tuza”; nadie se acuerda del origen de estos alias, hay quien se imagina que se debe a que a los dos los escupió la tierra.

Yo nací en Iztapalapa, y la neta nuestros jefes no eran mal pedo cabrón, porque muchos piensan que los que le entran a la clica son cabrones a los que madrean sus jefes, o que nadie los quiere, o ve tu a saber cuánta pendejada inventan los mentados “sociólogos”.

Neta cabrón, La Tuza y yo pues íbamos a la escuela y todo, estábamos bien pinches jodidos si, pero pues tampoco pa´ pasar hambre.

La familia que yo me acuerde, pues no era “disfuncional”, el pedo fue cuando a mi jefecita la metieron al bote sepa por qué vergas, porque ya ni me acuerdo, y pos mi jefe se tiró al pedo. Entonces si ni quien nos cuidara, tuvimos que buscar otra familia cabrón, yo tenía como trece años, y la pinche tuza pues habrá tenido unos nueve, diez.

El Gusano toma su barbilla, parece haber recuperado la memoria de repente, y no le agrada en lo más mínimo. Entonces le pregunto de cómo él y su hermano son arrojados a un mundo al que no le importan, así que deciden arrebatarle lo que éste les quitó.

Primero, pus nos pusimos a trabajar en el mercado, de diableros, ya te la sabes ¿no?, eso de “le cargo sus bolsas seño” y poner cara de pendejín pa la ternura, y las muy hijas de la chingada te pasan tres tristes pesos por cargar sus pinches cien kilos de verdura.

La neta estaba de la verga, luego hasta nos teníamos que chingar frutas de los pinches mandados, o andar mendigandole una rebanada de jamón a un viejo culero que tenía una miscelánea.

Por ese entonces conocí al famosísimo “Churrumais”, que era el que manejaba a los pinches escuincles del mercado. Lo conocí porque le puse en la madre a uno de sus compas que quiso agandallarle a La Tuza una propinota que le había dado una ruca.

Ya ves que siempre he cuidado mucho al pinche Tucita pendejo, y que también siempre he sido bien ducho para los putazos…

El Gusano mueve sus manos como recreando una escena épica, puede verse esa extraña ilusión en sus ojos, esa nostalgia, y más allá de eso, puede verse toda su furia.

Pus cabrón, el pendejo al que le partí su madre me sacaba … fácil como treinta centímetros cabrón, y tenía como diecinueve años, y te digo que yo tenía unos trece catorce.

Cuando me dijeron que “el Churrumais” me andaba buscando, pos La Tuza y yo nos guarecimos en la cantera, hasta que l´hambre nos obligó a salir, puta, y que me voy encontrando al cabrón “Churrumais”… pero no creas que me quebré cabrón, no ni madres, si algo no he aprendido es a rajarme ´jos de la chingada.

Y que me dice: qué pinche escuincle, muy cabroncito para los madrazos no wey, a ver zacatito, te echas un tirito.

El cabrón “Churrumais” era un pinche gordo como de veinte años, digo, pos yo lo veía bien ruco al muy gandalla, barbón, greñudo, apestoso y con muy mala fama de hijo de puta madre.

El caso es que, no acababa de decir “tirito” cuando ya le había acomodado tremendo chingadazo en el hocico… y le saqué el mole pinche Gur, te juro que fue un tamaño cabronazo, pero el muy cabrón “Churrumais” no se movió ni tantito… ya me sentía yo en morelia pinche Gur, pero en eso, que el pinche “Churrumais” se empieza a cagar de la risa, escupe la pinche sangre y ¡HUEVOS!, que me sienta de un putazo y luego me levantó del piso; yo ya sentía el madrazo en pleno hocico cuando lo oigo decir:¡este cabrón es de los míos chingá, de los que no se abren!.

Y pues ya que le caí bien al pinche “Churrumais”, la Tuza yyo tuvimos chance de chungarnos cuanto monedero se nos pegara la gana, siempre y cuando le pasaramos una corta a este cabrón, que pues negociaba con los tiras pa´que no nos entambaran, ora si que éramos sus putitas del hijo de la chingada.

Y ahí empezó mi “carrera delictiva”, cuando dejamos de pedir, y empezamos a arrebatar, no namas lo que nos hacía falta, sino más y más y más y un chingo.