El Bizne del Vicio
ContinuaciĂłn
Ya casi se ha olvidado de su nombre, y de hecho no quiere que lo escriba, Ă©l vende “dulces”; a su cargo, cerca de cuarenta hombres colaboran directamente con Ă©l distribuyendo la mercancĂa en todo el territorio que abarca Toluca, Lerma, Metepec, Zinacantepec y hasta por ahĂ de Tenango del Valle. Además, tiene contactos en las mejores escuelas particulares del centro del paĂs.
Desde que se acuerda le dicen “el Gusano”. Es hermano de sangre de “La Tuza”; nadie se acuerda del origen de estos alias, hay quien se imagina que se debe a que a los dos los escupió la tierra.
Yo nacà en Iztapalapa, y la neta nuestros jefes no eran mal pedo cabrón, porque muchos piensan que los que le entran a la clica son cabrones a los que madrean sus jefes, o que nadie los quiere, o ve tu a saber cuánta pendejada inventan los mentados “sociólogos”.
Neta cabrĂłn, La Tuza y yo pues Ăbamos a la escuela y todo, estábamos bien pinches jodidos si, pero pues tampoco pa´ pasar hambre.
La familia que yo me acuerde, pues no era “disfuncional”, el pedo fue cuando a mi jefecita la metieron al bote sepa por quĂ© vergas, porque ya ni me acuerdo, y pos mi jefe se tirĂł al pedo. Entonces si ni quien nos cuidara, tuvimos que buscar otra familia cabrĂłn, yo tenĂa como trece años, y la pinche tuza pues habrá tenido unos nueve, diez.
El Gusano toma su barbilla, parece haber recuperado la memoria de repente, y no le agrada en lo más mĂnimo. Entonces le pregunto de cĂłmo Ă©l y su hermano son arrojados a un mundo al que no le importan, asĂ que deciden arrebatarle lo que Ă©ste les quitĂł.
Primero, pus nos pusimos a trabajar en el mercado, de diableros, ya te la sabes Âżno?, eso de “le cargo sus bolsas seño” y poner cara de pendejĂn pa la ternura, y las muy hijas de la chingada te pasan tres tristes pesos por cargar sus pinches cien kilos de verdura.
La neta estaba de la verga, luego hasta nos tenĂamos que chingar frutas de los pinches mandados, o andar mendigandole una rebanada de jamĂłn a un viejo culero que tenĂa una miscelánea.
Por ese entonces conocĂ al famosĂsimo “Churrumais”, que era el que manejaba a los pinches escuincles del mercado. Lo conocĂ porque le puse en la madre a uno de sus compas que quiso agandallarle a La Tuza una propinota que le habĂa dado una ruca.
Ya ves que siempre he cuidado mucho al pinche Tucita pendejo, y que también siempre he sido bien ducho para los putazos…
El Gusano mueve sus manos como recreando una escena épica, puede verse esa extraña ilusión en sus ojos, esa nostalgia, y más allá de eso, puede verse toda su furia.
Pus cabrĂłn, el pendejo al que le partĂ su madre me sacaba … fácil como treinta centĂmetros cabrĂłn, y tenĂa como diecinueve años, y te digo que yo tenĂa unos trece catorce.
Cuando me dijeron que “el Churrumais” me andaba buscando, pos La Tuza y yo nos guarecimos en la cantera, hasta que l´hambre nos obligó a salir, puta, y que me voy encontrando al cabrón “Churrumais”… pero no creas que me quebré cabrón, no ni madres, si algo no he aprendido es a rajarme ´jos de la chingada.
Y que me dice: qué pinche escuincle, muy cabroncito para los madrazos no wey, a ver zacatito, te echas un tirito.
El cabrĂłn “Churrumais” era un pinche gordo como de veinte años, digo, pos yo lo veĂa bien ruco al muy gandalla, barbĂłn, greñudo, apestoso y con muy mala fama de hijo de puta madre.
El caso es que, no acababa de decir “tirito” cuando ya le habĂa acomodado tremendo chingadazo en el hocico… y le saquĂ© el mole pinche Gur, te juro que fue un tamaño cabronazo, pero el muy cabrĂłn “Churrumais” no se moviĂł ni tantito… ya me sentĂa yo en morelia pinche Gur, pero en eso, que el pinche “Churrumais” se empieza a cagar de la risa, escupe la pinche sangre y ¡HUEVOS!, que me sienta de un putazo y luego me levantĂł del piso; yo ya sentĂa el madrazo en pleno hocico cuando lo oigo decir:¡este cabrĂłn es de los mĂos chingá, de los que no se abren!.
Y pues ya que le caà bien al pinche “Churrumais”, la Tuza yyo tuvimos chance de chungarnos cuanto monedero se nos pegara la gana, siempre y cuando le pasaramos una corta a este cabrón, que pues negociaba con los tiras pa´que no nos entambaran, ora si que éramos sus putitas del hijo de la chingada.
Y ahĂ empezĂł mi “carrera delictiva”, cuando dejamos de pedir, y empezamos a arrebatar, no namas lo que nos hacĂa falta, sino más y más y más y un chingo.
Ya casi se ha olvidado de su nombre, y de hecho no quiere que lo escriba, Ă©l vende “dulces”; a su cargo, cerca de cuarenta hombres colaboran directamente con Ă©l distribuyendo la mercancĂa en todo el territorio que abarca Toluca, Lerma, Metepec, Zinacantepec y hasta por ahĂ de Tenango del Valle. Además, tiene contactos en las mejores escuelas particulares del centro del paĂs.
Desde que se acuerda le dicen “el Gusano”. Es hermano de sangre de “La Tuza”; nadie se acuerda del origen de estos alias, hay quien se imagina que se debe a que a los dos los escupió la tierra.
Yo nacà en Iztapalapa, y la neta nuestros jefes no eran mal pedo cabrón, porque muchos piensan que los que le entran a la clica son cabrones a los que madrean sus jefes, o que nadie los quiere, o ve tu a saber cuánta pendejada inventan los mentados “sociólogos”.
Neta cabrĂłn, La Tuza y yo pues Ăbamos a la escuela y todo, estábamos bien pinches jodidos si, pero pues tampoco pa´ pasar hambre.
La familia que yo me acuerde, pues no era “disfuncional”, el pedo fue cuando a mi jefecita la metieron al bote sepa por quĂ© vergas, porque ya ni me acuerdo, y pos mi jefe se tirĂł al pedo. Entonces si ni quien nos cuidara, tuvimos que buscar otra familia cabrĂłn, yo tenĂa como trece años, y la pinche tuza pues habrá tenido unos nueve, diez.
El Gusano toma su barbilla, parece haber recuperado la memoria de repente, y no le agrada en lo más mĂnimo. Entonces le pregunto de cĂłmo Ă©l y su hermano son arrojados a un mundo al que no le importan, asĂ que deciden arrebatarle lo que Ă©ste les quitĂł.
Primero, pus nos pusimos a trabajar en el mercado, de diableros, ya te la sabes Âżno?, eso de “le cargo sus bolsas seño” y poner cara de pendejĂn pa la ternura, y las muy hijas de la chingada te pasan tres tristes pesos por cargar sus pinches cien kilos de verdura.
La neta estaba de la verga, luego hasta nos tenĂamos que chingar frutas de los pinches mandados, o andar mendigandole una rebanada de jamĂłn a un viejo culero que tenĂa una miscelánea.
Por ese entonces conocĂ al famosĂsimo “Churrumais”, que era el que manejaba a los pinches escuincles del mercado. Lo conocĂ porque le puse en la madre a uno de sus compas que quiso agandallarle a La Tuza una propinota que le habĂa dado una ruca.
Ya ves que siempre he cuidado mucho al pinche Tucita pendejo, y que también siempre he sido bien ducho para los putazos…
El Gusano mueve sus manos como recreando una escena épica, puede verse esa extraña ilusión en sus ojos, esa nostalgia, y más allá de eso, puede verse toda su furia.
Pus cabrĂłn, el pendejo al que le partĂ su madre me sacaba … fácil como treinta centĂmetros cabrĂłn, y tenĂa como diecinueve años, y te digo que yo tenĂa unos trece catorce.
Cuando me dijeron que “el Churrumais” me andaba buscando, pos La Tuza y yo nos guarecimos en la cantera, hasta que l´hambre nos obligó a salir, puta, y que me voy encontrando al cabrón “Churrumais”… pero no creas que me quebré cabrón, no ni madres, si algo no he aprendido es a rajarme ´jos de la chingada.
Y que me dice: qué pinche escuincle, muy cabroncito para los madrazos no wey, a ver zacatito, te echas un tirito.
El cabrĂłn “Churrumais” era un pinche gordo como de veinte años, digo, pos yo lo veĂa bien ruco al muy gandalla, barbĂłn, greñudo, apestoso y con muy mala fama de hijo de puta madre.
El caso es que, no acababa de decir “tirito” cuando ya le habĂa acomodado tremendo chingadazo en el hocico… y le saquĂ© el mole pinche Gur, te juro que fue un tamaño cabronazo, pero el muy cabrĂłn “Churrumais” no se moviĂł ni tantito… ya me sentĂa yo en morelia pinche Gur, pero en eso, que el pinche “Churrumais” se empieza a cagar de la risa, escupe la pinche sangre y ¡HUEVOS!, que me sienta de un putazo y luego me levantĂł del piso; yo ya sentĂa el madrazo en pleno hocico cuando lo oigo decir:¡este cabrĂłn es de los mĂos chingá, de los que no se abren!.
Y pues ya que le caà bien al pinche “Churrumais”, la Tuza yyo tuvimos chance de chungarnos cuanto monedero se nos pegara la gana, siempre y cuando le pasaramos una corta a este cabrón, que pues negociaba con los tiras pa´que no nos entambaran, ora si que éramos sus putitas del hijo de la chingada.
Y ahĂ empezĂł mi “carrera delictiva”, cuando dejamos de pedir, y empezamos a arrebatar, no namas lo que nos hacĂa falta, sino más y más y más y un chingo.

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