viernes, septiembre 17, 2004

Viva México

Sus Héroes están bien así

En fin, dimos el grito, pero qué gritotes, ahora bien, pensémosle tantito ¿es lógico gritar jubilosos para celebrar el movimiento iniciado aquel 16 de septiembre de 1810?. Muchos de nosotros seguimos teniendo la misma concepción de la historia que soliamos tener en sexto de primaria, eso muy probablemente se deba a que, como bien señala uno de mis profes de la carrera: Don Luis Palacios, fue en la primaria la última vez que se nos enseñó a leer. Es penoso decirlo, pero gran parte de esa suculenta epopeya que nos contaban ilusionadas nuestras misses de la primaria no es del todo verdad; eso nos lleva a cuestionarnos: ¿son realmente héroes aquellas personas cuyo nombre es gritado por el mandatario el 15 de septiembre?, ¿nos dieron patria realmente o se la repartieron entre ellos?, ¿nos liberaron o sólo cambiaron de manos los látigos?, si el movimiento encabezado por Hidalgo trajo bonanza a todos los Mexicanos, ¿por qué fue necesaria una revolución tan solo 100 años después?.

Mi objetivo en este texto con pretensiones ensayísticas es que, si algún incauto cae sin querer en este espacio virtual (más virtual de lo normal), reflexione un poco antes de rajar sus vestiduras mientras tira cohetes chinos en el zócalo, para ver si sigue gritando.

Datos generales los tenemos todos eventualmente presentes, las reformas borbónicas, en especial las de Carlos III convierten a Nueva España en una verdadera colonia sometida a la explotación desmesurada; los criollos por su parte, vivían con el eterno trauma de no ser “ni de aquí ni de allá”, pues al no ser peninsulares carecían de muchísimas prerrogativas, estaban limitados a un cierto nivel de ascenso a partir del cuál no podían ir más lejos. El triunfo francés sobre España y la caída de Fernando VII fueron los factores importantes para el comienzo de la rebelión, aunque ciertamente, el factor detonante fue la traición del capitán Joaquín Arias que llevó al cura Hidalgo a apresurar el levantamiento.

Aquí empezamos con la lista “Heroica”, ni mas ni menos que con el Padre de la Patria (y de otros cuantos) que en una acción más impulsiva que racional se levanta en armas la madrugada del 16 de septiembre de 1810. Sobre este simpático acontecimiento valdría la pena decir que el valiente cura tomó como reos esa noche al subdelegado Nicolás Fernández del Rincón y a 17 españoles, se apoderó de los fondos públicos, llamó a misa y poco después llamó a su amigo carnicero de Guanajuato para que destazara a sus prisioneros. Se le supieron unos cuantos romances, se le adjudica en muchos documentos un espíritu bélico temible, y se sabe que al final se arrepintió de sus “acciones desbocadas” y afirmó que fue Ignacio Allende el verdadero impulsor de la rebelión.

Allende, el mismísimo Ignacio Allende, pareciera que junto con Hidalgo lucharon hombro con hombro por liberar a los oprimidos. Pero la verdad es que Allende y el cura se tiraban mierda con todo, de hecho, se tiene conocimiento de que Allende trató de envenenar al padre de la patria, pero este último era tan “querido” por los indígenas, que había varios encargados especialmente de probar sus alimentos antes de que él los tomase. En sí la razón del enojo era que, mientras Hidalgo quería armar un verdadero alboroto loco, Allende se iba más por el lado de la prudencia, en fin, para eso estaba el menos controvertido de todos los “Héroes”, Don José María Morelos.

Este señor también fue cura de profesión y rebelde de vocación, también tuvo alguno que otro descendiente y como dice el investigador José María Villalpando le cae bien a priistas, perredistas y panistas. Bien, sus muy particulares razones tendrán para quererlo tanto, Morelos fue un traidor, una vez aprehendido, la inquisición le ofece la “confesión” a cambio de los escondites de sus amigos conspiradores, este férreo y carismático héroe independentista, aceptó la oferta de los inquisidores. (Muchos hubieran rajado la verdad, basta con haber visto la exposición de las herramientas de tortura para confesar ene delitos contra la humanidad).

De los otros personajes no se hablará porque de seguro ya se cansaron de leer, (si es que alguien se tomó la molestia) pero quizás a su mente voyeurista ávida de datos escandalosos le interesará saber que “La Corregidora” y Allende tuvieron tórrido romance, que a Guerrero no lo dejaron ser presidente porque no sabía ni leer y que “el pípila” al igual que los reyes magos y el chupacabras, es un mito.

En fin, hemos hablado hasta ahora de simples errores humanos como los tiene todo héroe le pese a quien le pese, pero lo verdaderamente alarmente es el resultado impreciso de esta lucha de independencia. En primer lugar, el movimiento es planeado por criollos insatisfechos, que utilizaron la fuerza de cientos de indigenas a quienes les prometieron un nuevo comienzo, y finalmente fue consumado por criollos ricos, los cuales nunca se comprometieron realmente con el movimiento con tal de no perder su bien ganada posición en el reino de la Nueva España.

En el sentido estricto de la palabra la independencia funcionó, se había creado una nueva unidad independiente llamada México, ¿de qué sirvió?, pues bueno, basicamente los que eran ricos, ahora no solamente eran ricos, ahora también eran respetados. Por su parte, los indígenas, las castas y los “jodidos” en general seguían exactamente igual, de hecho, estaban peor, pues ante la avaricia de los nuevos detentores del poder, las prerrogativas ganadas por el pueblo indígena durante la colonia, como la posesión comunal de la tierra, valieron madre. Ahora los Criollos querían comprar su ranchito.

Según los liberales, dice Bonfil Batalla, un país tan lleno de indios no podía seriamente aspirar a la modernidad. Esto evidentemente es un resabio de la ideología preindependentista, basta observar el apéndice A para ver cómo era visto el indio en 1811, a casi 200 años de esto, ¿ha cambiado mucho nuestra concepción?.

La modernidad llamaba a la inclusión, si era necesario forzosa (vease apéndice B), de los indios a la fantasía modernista de los liberales, sin embargo, había casos en los que los “retrógradas” indígenas, se negaban estúpidamente a renunciar a su cultura, pasado, tierras y tradiciones para unirse a la aventura del siglo XIX. Es por ello que se llegó incluso a la caza de indios “salvajes” por parte de la “gente de razón”, basta con leer el apéndice C para querer vomitar si tienes algo de mexicano en las venas.

Este es el México libre y soberano que deja el moviemiento de independencia, un México extranjero para aquel cuyas raíces más primeras están aquí, un México tan pretencioso de modernidad y de globalización que desde entonces es tierra extraña para sus indígenas a los cuales hemos relegado a las afueras de la ciudad, a las selvas, a las sierras, allá donde no nos percatemos de su miseria, así esta no podrá distraernos mientras miramos hacia el primer mundo.

Esta es la patria y libertad que nos dieron nuestros Héroes, una patria que se repartieron los que no la lucharon y una libertad que monopolizaron los que se creían merecerla. Los demás están bien así, apartados de nuestro sueño de modernidad y progreso, haciendo artesanías porque es lo único que saben hacer, los demás hicieron bien en morir por una patria que se los agradeció con una patada en el culo, los demás no tienen derecho a pensar como piensan y hacemos muy bien en marginarlos, en apartarlos de nuestra vista pues representan todo lo que no queremos representar, los demás... aquellos que seguramente gritaron “¡Viva México!” más fuerte que muchos de nosotros.

Así que ¡Viva México!, que viva en las personas que lo hacen grande con sus acciones, que viva en cada uno de sus sueños cumplidos y de sus nuevas promesas, a la mierda con la pinche selección, a la mierda con el pinche congreso de verdureras, a la mierda con los pinches indicadores macroeconómicos, a la mierda con la modernidad y todas sus falsas promesas. ¡Si, estoy que me lleva la chingada y ojalá alguien se de cuenta!. ¡Que viva México!, en cuanto a sus “héroes”, están bien así: muertos.



Apéndices del libro de Guillermo Bonfil Batalla “México Profundo”.

Apéndice A:
En 1811 el consulado de México a las cortes de Cádiz describe así al indio:

Perezoso y lánguido, estúpido por constitución, sin talento inventor ni fuerza de pensamiento, borracho, carnal, insensible a las verdades religiosas, sin discernimiento sobre los deberes de la sociedad...


Apéndice B:
BoletĂ­n de la Sociedad Indianista Mexicana:

...la soluciĂłn, entonces, es la adaptaciĂłn del indio por la fuerza. Entre su modo de ser actual, cercano a la bestialidad dentro de la libertad, y una esperanza de mejoramiento dentro de una relativa tiranĂ­a, optamos por lo Ăşltimo...


Apéndice C:
González Navarro informa sobre las recompensas a casadores de indios:

...en Chihua se pagaban 200 pesos por guerrero muerto, 250 por prisioneros, 150 por mujer o niño vivo y 100 si muerto... Los indios vivos son más apreciados porque no faltan aventureros norteamericanos que los compran.