Viva México
Sus HĂ©roes están bien asĂ
En fin, dimos el grito, pero qué gritotes, ahora bien, pensémosle tantito ¿es lógico gritar jubilosos para celebrar el movimiento iniciado aquel 16 de septiembre de 1810?. Muchos de nosotros seguimos teniendo la misma concepción de la historia que soliamos tener en sexto de primaria, eso muy probablemente se deba a que, como bien señala uno de mis profes de la carrera: Don Luis Palacios, fue en la primaria la última vez que se nos enseñó a leer. Es penoso decirlo, pero gran parte de esa suculenta epopeya que nos contaban ilusionadas nuestras misses de la primaria no es del todo verdad; eso nos lleva a cuestionarnos: ¿son realmente héroes aquellas personas cuyo nombre es gritado por el mandatario el 15 de septiembre?, ¿nos dieron patria realmente o se la repartieron entre ellos?, ¿nos liberaron o sólo cambiaron de manos los látigos?, si el movimiento encabezado por Hidalgo trajo bonanza a todos los Mexicanos, ¿por qué fue necesaria una revolución tan solo 100 años después?.
Mi objetivo en este texto con pretensiones ensayĂsticas es que, si algĂşn incauto cae sin querer en este espacio virtual (más virtual de lo normal), reflexione un poco antes de rajar sus vestiduras mientras tira cohetes chinos en el zĂłcalo, para ver si sigue gritando.
Datos generales los tenemos todos eventualmente presentes, las reformas borbĂłnicas, en especial las de Carlos III convierten a Nueva España en una verdadera colonia sometida a la explotaciĂłn desmesurada; los criollos por su parte, vivĂan con el eterno trauma de no ser “ni de aquĂ ni de allá”, pues al no ser peninsulares carecĂan de muchĂsimas prerrogativas, estaban limitados a un cierto nivel de ascenso a partir del cuál no podĂan ir más lejos. El triunfo francĂ©s sobre España y la caĂda de Fernando VII fueron los factores importantes para el comienzo de la rebeliĂłn, aunque ciertamente, el factor detonante fue la traiciĂłn del capitán JoaquĂn Arias que llevĂł al cura Hidalgo a apresurar el levantamiento.
AquĂ empezamos con la lista “Heroica”, ni mas ni menos que con el Padre de la Patria (y de otros cuantos) que en una acciĂłn más impulsiva que racional se levanta en armas la madrugada del 16 de septiembre de 1810. Sobre este simpático acontecimiento valdrĂa la pena decir que el valiente cura tomĂł como reos esa noche al subdelegado Nicolás Fernández del RincĂłn y a 17 españoles, se apoderĂł de los fondos pĂşblicos, llamĂł a misa y poco despuĂ©s llamĂł a su amigo carnicero de Guanajuato para que destazara a sus prisioneros. Se le supieron unos cuantos romances, se le adjudica en muchos documentos un espĂritu bĂ©lico temible, y se sabe que al final se arrepintiĂł de sus “acciones desbocadas” y afirmĂł que fue Ignacio Allende el verdadero impulsor de la rebeliĂłn.
Allende, el mismĂsimo Ignacio Allende, pareciera que junto con Hidalgo lucharon hombro con hombro por liberar a los oprimidos. Pero la verdad es que Allende y el cura se tiraban mierda con todo, de hecho, se tiene conocimiento de que Allende tratĂł de envenenar al padre de la patria, pero este Ăşltimo era tan “querido” por los indĂgenas, que habĂa varios encargados especialmente de probar sus alimentos antes de que Ă©l los tomase. En sĂ la razĂłn del enojo era que, mientras Hidalgo querĂa armar un verdadero alboroto loco, Allende se iba más por el lado de la prudencia, en fin, para eso estaba el menos controvertido de todos los “HĂ©roes”, Don JosĂ© MarĂa Morelos.
Este señor tambiĂ©n fue cura de profesiĂłn y rebelde de vocaciĂłn, tambiĂ©n tuvo alguno que otro descendiente y como dice el investigador JosĂ© MarĂa Villalpando le cae bien a priistas, perredistas y panistas. Bien, sus muy particulares razones tendrán para quererlo tanto, Morelos fue un traidor, una vez aprehendido, la inquisiciĂłn le ofece la “confesiĂłn” a cambio de los escondites de sus amigos conspiradores, este fĂ©rreo y carismático hĂ©roe independentista, aceptĂł la oferta de los inquisidores. (Muchos hubieran rajado la verdad, basta con haber visto la exposiciĂłn de las herramientas de tortura para confesar ene delitos contra la humanidad).
De los otros personajes no se hablará porque de seguro ya se cansaron de leer, (si es que alguien se tomĂł la molestia) pero quizás a su mente voyeurista ávida de datos escandalosos le interesará saber que “La Corregidora” y Allende tuvieron tĂłrrido romance, que a Guerrero no lo dejaron ser presidente porque no sabĂa ni leer y que “el pĂpila” al igual que los reyes magos y el chupacabras, es un mito.
En fin, hemos hablado hasta ahora de simples errores humanos como los tiene todo héroe le pese a quien le pese, pero lo verdaderamente alarmente es el resultado impreciso de esta lucha de independencia. En primer lugar, el movimiento es planeado por criollos insatisfechos, que utilizaron la fuerza de cientos de indigenas a quienes les prometieron un nuevo comienzo, y finalmente fue consumado por criollos ricos, los cuales nunca se comprometieron realmente con el movimiento con tal de no perder su bien ganada posición en el reino de la Nueva España.
En el sentido estricto de la palabra la independencia funcionĂł, se habĂa creado una nueva unidad independiente llamada MĂ©xico, Âżde quĂ© sirviĂł?, pues bueno, basicamente los que eran ricos, ahora no solamente eran ricos, ahora tambiĂ©n eran respetados. Por su parte, los indĂgenas, las castas y los “jodidos” en general seguĂan exactamente igual, de hecho, estaban peor, pues ante la avaricia de los nuevos detentores del poder, las prerrogativas ganadas por el pueblo indĂgena durante la colonia, como la posesiĂłn comunal de la tierra, valieron madre. Ahora los Criollos querĂan comprar su ranchito.
SegĂşn los liberales, dice Bonfil Batalla, un paĂs tan lleno de indios no podĂa seriamente aspirar a la modernidad. Esto evidentemente es un resabio de la ideologĂa preindependentista, basta observar el apĂ©ndice A para ver cĂłmo era visto el indio en 1811, a casi 200 años de esto, Âżha cambiado mucho nuestra concepciĂłn?.
La modernidad llamaba a la inclusiĂłn, si era necesario forzosa (vease apĂ©ndice B), de los indios a la fantasĂa modernista de los liberales, sin embargo, habĂa casos en los que los “retrĂłgradas” indĂgenas, se negaban estĂşpidamente a renunciar a su cultura, pasado, tierras y tradiciones para unirse a la aventura del siglo XIX. Es por ello que se llegĂł incluso a la caza de indios “salvajes” por parte de la “gente de razĂłn”, basta con leer el apĂ©ndice C para querer vomitar si tienes algo de mexicano en las venas.
Este es el MĂ©xico libre y soberano que deja el moviemiento de independencia, un MĂ©xico extranjero para aquel cuyas raĂces más primeras están aquĂ, un MĂ©xico tan pretencioso de modernidad y de globalizaciĂłn que desde entonces es tierra extraña para sus indĂgenas a los cuales hemos relegado a las afueras de la ciudad, a las selvas, a las sierras, allá donde no nos percatemos de su miseria, asĂ esta no podrá distraernos mientras miramos hacia el primer mundo.
Esta es la patria y libertad que nos dieron nuestros HĂ©roes, una patria que se repartieron los que no la lucharon y una libertad que monopolizaron los que se creĂan merecerla. Los demás están bien asĂ, apartados de nuestro sueño de modernidad y progreso, haciendo artesanĂas porque es lo Ăşnico que saben hacer, los demás hicieron bien en morir por una patria que se los agradeciĂł con una patada en el culo, los demás no tienen derecho a pensar como piensan y hacemos muy bien en marginarlos, en apartarlos de nuestra vista pues representan todo lo que no queremos representar, los demás... aquellos que seguramente gritaron “¡Viva MĂ©xico!” más fuerte que muchos de nosotros.
AsĂ que ¡Viva MĂ©xico!, que viva en las personas que lo hacen grande con sus acciones, que viva en cada uno de sus sueños cumplidos y de sus nuevas promesas, a la mierda con la pinche selecciĂłn, a la mierda con el pinche congreso de verdureras, a la mierda con los pinches indicadores macroeconĂłmicos, a la mierda con la modernidad y todas sus falsas promesas. ¡Si, estoy que me lleva la chingada y ojalá alguien se de cuenta!. ¡Que viva MĂ©xico!, en cuanto a sus “hĂ©roes”, están bien asĂ: muertos.
Apéndices del libro de Guillermo Bonfil Batalla “México Profundo”.
Apéndice A:
En 1811 el consulado de México a las cortes de Cádiz describe asà al indio:
Perezoso y lánguido, estúpido por constitución, sin talento inventor ni fuerza de pensamiento, borracho, carnal, insensible a las verdades religiosas, sin discernimiento sobre los deberes de la sociedad...
Apéndice B:
BoletĂn de la Sociedad Indianista Mexicana:
...la soluciĂłn, entonces, es la adaptaciĂłn del indio por la fuerza. Entre su modo de ser actual, cercano a la bestialidad dentro de la libertad, y una esperanza de mejoramiento dentro de una relativa tiranĂa, optamos por lo Ăşltimo...
Apéndice C:
González Navarro informa sobre las recompensas a casadores de indios:
...en Chihua se pagaban 200 pesos por guerrero muerto, 250 por prisioneros, 150 por mujer o niño vivo y 100 si muerto... Los indios vivos son más apreciados porque no faltan aventureros norteamericanos que los compran.
En fin, dimos el grito, pero qué gritotes, ahora bien, pensémosle tantito ¿es lógico gritar jubilosos para celebrar el movimiento iniciado aquel 16 de septiembre de 1810?. Muchos de nosotros seguimos teniendo la misma concepción de la historia que soliamos tener en sexto de primaria, eso muy probablemente se deba a que, como bien señala uno de mis profes de la carrera: Don Luis Palacios, fue en la primaria la última vez que se nos enseñó a leer. Es penoso decirlo, pero gran parte de esa suculenta epopeya que nos contaban ilusionadas nuestras misses de la primaria no es del todo verdad; eso nos lleva a cuestionarnos: ¿son realmente héroes aquellas personas cuyo nombre es gritado por el mandatario el 15 de septiembre?, ¿nos dieron patria realmente o se la repartieron entre ellos?, ¿nos liberaron o sólo cambiaron de manos los látigos?, si el movimiento encabezado por Hidalgo trajo bonanza a todos los Mexicanos, ¿por qué fue necesaria una revolución tan solo 100 años después?.
Mi objetivo en este texto con pretensiones ensayĂsticas es que, si algĂşn incauto cae sin querer en este espacio virtual (más virtual de lo normal), reflexione un poco antes de rajar sus vestiduras mientras tira cohetes chinos en el zĂłcalo, para ver si sigue gritando.
Datos generales los tenemos todos eventualmente presentes, las reformas borbĂłnicas, en especial las de Carlos III convierten a Nueva España en una verdadera colonia sometida a la explotaciĂłn desmesurada; los criollos por su parte, vivĂan con el eterno trauma de no ser “ni de aquĂ ni de allá”, pues al no ser peninsulares carecĂan de muchĂsimas prerrogativas, estaban limitados a un cierto nivel de ascenso a partir del cuál no podĂan ir más lejos. El triunfo francĂ©s sobre España y la caĂda de Fernando VII fueron los factores importantes para el comienzo de la rebeliĂłn, aunque ciertamente, el factor detonante fue la traiciĂłn del capitán JoaquĂn Arias que llevĂł al cura Hidalgo a apresurar el levantamiento.
AquĂ empezamos con la lista “Heroica”, ni mas ni menos que con el Padre de la Patria (y de otros cuantos) que en una acciĂłn más impulsiva que racional se levanta en armas la madrugada del 16 de septiembre de 1810. Sobre este simpático acontecimiento valdrĂa la pena decir que el valiente cura tomĂł como reos esa noche al subdelegado Nicolás Fernández del RincĂłn y a 17 españoles, se apoderĂł de los fondos pĂşblicos, llamĂł a misa y poco despuĂ©s llamĂł a su amigo carnicero de Guanajuato para que destazara a sus prisioneros. Se le supieron unos cuantos romances, se le adjudica en muchos documentos un espĂritu bĂ©lico temible, y se sabe que al final se arrepintiĂł de sus “acciones desbocadas” y afirmĂł que fue Ignacio Allende el verdadero impulsor de la rebeliĂłn.
Allende, el mismĂsimo Ignacio Allende, pareciera que junto con Hidalgo lucharon hombro con hombro por liberar a los oprimidos. Pero la verdad es que Allende y el cura se tiraban mierda con todo, de hecho, se tiene conocimiento de que Allende tratĂł de envenenar al padre de la patria, pero este Ăşltimo era tan “querido” por los indĂgenas, que habĂa varios encargados especialmente de probar sus alimentos antes de que Ă©l los tomase. En sĂ la razĂłn del enojo era que, mientras Hidalgo querĂa armar un verdadero alboroto loco, Allende se iba más por el lado de la prudencia, en fin, para eso estaba el menos controvertido de todos los “HĂ©roes”, Don JosĂ© MarĂa Morelos.
Este señor tambiĂ©n fue cura de profesiĂłn y rebelde de vocaciĂłn, tambiĂ©n tuvo alguno que otro descendiente y como dice el investigador JosĂ© MarĂa Villalpando le cae bien a priistas, perredistas y panistas. Bien, sus muy particulares razones tendrán para quererlo tanto, Morelos fue un traidor, una vez aprehendido, la inquisiciĂłn le ofece la “confesiĂłn” a cambio de los escondites de sus amigos conspiradores, este fĂ©rreo y carismático hĂ©roe independentista, aceptĂł la oferta de los inquisidores. (Muchos hubieran rajado la verdad, basta con haber visto la exposiciĂłn de las herramientas de tortura para confesar ene delitos contra la humanidad).
De los otros personajes no se hablará porque de seguro ya se cansaron de leer, (si es que alguien se tomĂł la molestia) pero quizás a su mente voyeurista ávida de datos escandalosos le interesará saber que “La Corregidora” y Allende tuvieron tĂłrrido romance, que a Guerrero no lo dejaron ser presidente porque no sabĂa ni leer y que “el pĂpila” al igual que los reyes magos y el chupacabras, es un mito.
En fin, hemos hablado hasta ahora de simples errores humanos como los tiene todo héroe le pese a quien le pese, pero lo verdaderamente alarmente es el resultado impreciso de esta lucha de independencia. En primer lugar, el movimiento es planeado por criollos insatisfechos, que utilizaron la fuerza de cientos de indigenas a quienes les prometieron un nuevo comienzo, y finalmente fue consumado por criollos ricos, los cuales nunca se comprometieron realmente con el movimiento con tal de no perder su bien ganada posición en el reino de la Nueva España.
En el sentido estricto de la palabra la independencia funcionĂł, se habĂa creado una nueva unidad independiente llamada MĂ©xico, Âżde quĂ© sirviĂł?, pues bueno, basicamente los que eran ricos, ahora no solamente eran ricos, ahora tambiĂ©n eran respetados. Por su parte, los indĂgenas, las castas y los “jodidos” en general seguĂan exactamente igual, de hecho, estaban peor, pues ante la avaricia de los nuevos detentores del poder, las prerrogativas ganadas por el pueblo indĂgena durante la colonia, como la posesiĂłn comunal de la tierra, valieron madre. Ahora los Criollos querĂan comprar su ranchito.
SegĂşn los liberales, dice Bonfil Batalla, un paĂs tan lleno de indios no podĂa seriamente aspirar a la modernidad. Esto evidentemente es un resabio de la ideologĂa preindependentista, basta observar el apĂ©ndice A para ver cĂłmo era visto el indio en 1811, a casi 200 años de esto, Âżha cambiado mucho nuestra concepciĂłn?.
La modernidad llamaba a la inclusiĂłn, si era necesario forzosa (vease apĂ©ndice B), de los indios a la fantasĂa modernista de los liberales, sin embargo, habĂa casos en los que los “retrĂłgradas” indĂgenas, se negaban estĂşpidamente a renunciar a su cultura, pasado, tierras y tradiciones para unirse a la aventura del siglo XIX. Es por ello que se llegĂł incluso a la caza de indios “salvajes” por parte de la “gente de razĂłn”, basta con leer el apĂ©ndice C para querer vomitar si tienes algo de mexicano en las venas.
Este es el MĂ©xico libre y soberano que deja el moviemiento de independencia, un MĂ©xico extranjero para aquel cuyas raĂces más primeras están aquĂ, un MĂ©xico tan pretencioso de modernidad y de globalizaciĂłn que desde entonces es tierra extraña para sus indĂgenas a los cuales hemos relegado a las afueras de la ciudad, a las selvas, a las sierras, allá donde no nos percatemos de su miseria, asĂ esta no podrá distraernos mientras miramos hacia el primer mundo.
Esta es la patria y libertad que nos dieron nuestros HĂ©roes, una patria que se repartieron los que no la lucharon y una libertad que monopolizaron los que se creĂan merecerla. Los demás están bien asĂ, apartados de nuestro sueño de modernidad y progreso, haciendo artesanĂas porque es lo Ăşnico que saben hacer, los demás hicieron bien en morir por una patria que se los agradeciĂł con una patada en el culo, los demás no tienen derecho a pensar como piensan y hacemos muy bien en marginarlos, en apartarlos de nuestra vista pues representan todo lo que no queremos representar, los demás... aquellos que seguramente gritaron “¡Viva MĂ©xico!” más fuerte que muchos de nosotros.
AsĂ que ¡Viva MĂ©xico!, que viva en las personas que lo hacen grande con sus acciones, que viva en cada uno de sus sueños cumplidos y de sus nuevas promesas, a la mierda con la pinche selecciĂłn, a la mierda con el pinche congreso de verdureras, a la mierda con los pinches indicadores macroeconĂłmicos, a la mierda con la modernidad y todas sus falsas promesas. ¡Si, estoy que me lleva la chingada y ojalá alguien se de cuenta!. ¡Que viva MĂ©xico!, en cuanto a sus “hĂ©roes”, están bien asĂ: muertos.
Apéndices del libro de Guillermo Bonfil Batalla “México Profundo”.
Apéndice A:
En 1811 el consulado de México a las cortes de Cádiz describe asà al indio:
Perezoso y lánguido, estúpido por constitución, sin talento inventor ni fuerza de pensamiento, borracho, carnal, insensible a las verdades religiosas, sin discernimiento sobre los deberes de la sociedad...
Apéndice B:
BoletĂn de la Sociedad Indianista Mexicana:
...la soluciĂłn, entonces, es la adaptaciĂłn del indio por la fuerza. Entre su modo de ser actual, cercano a la bestialidad dentro de la libertad, y una esperanza de mejoramiento dentro de una relativa tiranĂa, optamos por lo Ăşltimo...
Apéndice C:
González Navarro informa sobre las recompensas a casadores de indios:
...en Chihua se pagaban 200 pesos por guerrero muerto, 250 por prisioneros, 150 por mujer o niño vivo y 100 si muerto... Los indios vivos son más apreciados porque no faltan aventureros norteamericanos que los compran.

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